miércoles, 29 de diciembre de 2010

Prólogo


Prólogo

Es muy jodido intentar levantarte en invierno, a las siete y media de la mañana, terriblemente agotado después del partido del día anterior. Y peor aún es despertarte y ver que solo quedan un par de minutos para que se cierren las puertas del colegio y que empiecen las clases y los exámenes, con tu vecino y mejor amigo esperando en la puerta y llamando como un poseso. Es esa sensación que a todos nos pasa; nos despertamos tranquilamente, y en el segundo que dura mirar la hora en tu reloj, todo tu sistema se pone bruscamente a trabajar, mientras tú no haces más que maldecir todo lo que conoces. Pero hoy no iba a ser así, hoy no me bajaría de un salto de la litera, hoy no habría peligro de romperme una pierna al caer mal, ni cogería lo primero que pillase del armario con la luz todavía apagada , hoy no correría con la intención de mirar quien está al otro lado de la puerta. Hoy no, hoy yo quería tomarme mi Cola Cao calentito como cada mañana.

- Bon día Carlos…- dije con cara de sueño al abrir la puerta- Sabes qué? Pasa.

- Pero estas tonto o qué? Tío! Que solo quedan unos minutos para que cierren el cole!

Mirándolo con una sonrisa en la cara lo hice pasar. Tranquilamente, sin prisas. En ese instante sonó la alarma de mi microondas y fui a por mí humeante vaso de Cola Cao. Carlos se sentó en mi sofá, mirándome exhausto. Supongo que pensaría que me acaba de meter un chute de algo, o que me había vuelto loco definitivamente, quien sabe. Entonces, mirando por la ventana mientras la persiana se levantaba, plantado delante de él, le dije:

  • Hoy no tengo ganas de ir al colegio. Porque no nos quedamos en el piso? Total, que van a llamar, a Francia para hablar con los viejos?- le dije riéndome como uno de esos supervillanos de las películas.
  • Pero Dani, ¿Qué te pasa? ¿Cómo no vamos a ir al insti?- El pobre flipaba conmigo, pero tenía motivos; yo nunca hacia campana- ¿Desde cuando el siempre legal Daniel Nicolás hace campana?
  • Pues desde que estoy reventado por el partido de ayer, desde que tengo mucho frio, y desde que se que ya no llegamos- dije señalando el reloj de encima de la estantería.- Tío, estamos hartos de quejarnos de lo malditos exámenes… Vamos a darles esquinazo por un día!
Su cara se iluminó. Entendía que quería decirle y estaba totalmente de acuerdo conmigo. Se notaba que Carlos tampoco quería hacer clase. Puse la tele mientras él llevaba la mochila y la chaqueta a mi habitación y disfrute de aquel trago caliente; en pleno invierno se agradece. Estuvimos una hora tumbados en el sofá, tapados hasta el cuello, viendo en la tele un programa de "zapping" y charlando hasta que llamaron al teléfono de mi casa. Lo cogí sin reconocer el numero de la pantalla: "Buenos días, es usted el padre de Daniel Nicolás?" sonó a través del teléfono, reconociendo al instante a la conserje del instituto. Por unos instantes no supe que decir, pero una palmada de Carlos en la espalda encendió el motor. Me avisaban a mí mismo de que no había ido al colegio, pero claro, ellos no sabían todavía quien era yo. Solamente tuve que hacerme pasar por mi abuelo y decir que estaba malo, y que mis padres no estaban. El conserje me dijo que recordase que mi nieto tenía que llevar un justificante y colgué. Estuvimos un buen rato riéndonos, con la absurda idea de que habíamos sido los únicos de burlar la enorme seguridad de nuestro instituto. Pero sabíamos de sobras que escaquearse de la enseñanza es muy fácil.



Entonces, cansado de estar allí encerrado, cogí mi chaqueta y algo de dinero, me puse el gorro, y mande a Carlos que hiciese lo mismo. Nos íbamos a dar una vuelta.