sábado, 29 de enero de 2011

Capítulo 2

Capítulo 2

Pese a estar “seguros” en mi casa, los disparos no habían cesado; Seguían sonando amortiguados por el recubrimiento del edificio. Mientras mi cabeza se inundaba de preguntas y mis oídos seguían oyendo cortas ráfagas, los tres observábamos de pié el exterior por la ventana del comedor. Pero no veíamos nada, solo gente que ocasionalmente pasaba corriendo en alguna dirección y algún furgón policial. El ambiente dentro de aquellas paredes era tranquilo, realmente tranquilo, así que nos dejamos caer en el sofá. Carlos tenía una ligero temblor en la mano, que noté cuando cogió el mando de la tele
-ponemos la tele, a ver si nos enteramos de que está pasando?.- Dijo con una voz casi ahogada.
Asentimos. Noe, que se había calmado nada más cruzar el umbral de la puerta, me pidió si podía coger el teléfono para llamar a su familia. Por segunda vez, asentí, apuntando mentalmente que después yo llamaría a mis abuelos. Pero eso no fue posible, ya que ni la televisión ni el teléfono funcionaban, solo en TV3 se podía leer un mensaje estático que decía:
“Mantinguin la calma. Catalunya ha sigut declarada zona en cuarentena. Esperin a casa fins que un transport de la creu roja els reculli y no entrin en contacte amb ningún infectat.”
Aquel mensaje fue la gota que colmó el vaso. Estábamos en cuarentena, toda Catalunya estaba ahora en cuarentena, sin noticias, sin comunicación, y la policía estaba a medio quilómetro de aquí disparando contra alguien, o algo… Y por último, lo más raro; Un transporte tenía que venir a buscarnos a casa… para sacarnos de la cuarentena? No cuadraba, no…
-Esto no está bien.- lo dejé caer como quien no quería la cosa, para comprobar si era el único que lo notaba.
-¿Cómo que no está bien? ¿El qué no está bien?.- Como mínimo Noe no se había percatado.
-Si te refieres a los disparos, no estamos seguros de que estén disparando a la gente infectada…- Carlos sí que había reflexionado sobre los disparos, pero aun así no se lo terminaba de creer.- Claro que… tampoco se me ocurre otra opción.
- En eso tienes razón Carlos, pero no, no quería ir por ahí.- Antes de seguir, ordené mi cabeza para no liarnos más de lo que ya estábamos.- A ver, escuchadme bien. Primero nos dicen que estamos en cuarentena. El objetivo de una cuarentena es que nada salga ni entre, pero nos dicen que van a venir a buscarnos, y que para ello estemos en casa, al mismo tiempo que nos incomunican. Lo veis? Es mentira! Nadie va a venir a buscarnos! Solamente quieren tenernos callados y quietos, escondidos en casa y abandonados a nuestras suerte!
Los dos tragaron saliva, asimilando todo lo que les había dicho y haciéndose a la idea de que nos dejaban aquí para que nos diesen por culo.
- Pero, ¿ Por qué iban a hacer eso?.- La pregunta quedó en el aire. No teníamos la respuesta.
Las horas pasaban lentamente encerrados en aquella casa, sin saber qué hacer. Cualquier tipo de entretenimiento se veía frustrado por la curiosidad y la angustia. Internet seguía funcionando, solo que un mensaje de Google me informaba de que debido a la posición de mi IP, algunas webs no podrían mostrase. Prácticamente no pude acceder a nada.
Después de nuestra discusión sobre qué hacer, tras aceptar que nos habían dejado a nuestra suerte, decidimos quedarnos en mi casa. Estábamos seguros, cómodos y con comida; era la mejor opción. Por otro lado, a donde podíamos ir? Cada poco tiempo un furgón de la policía bajaba y subía la avenida, el mismo furgón siempre. Por lo demás la gente había hecho caso a TV3 y habían abandonado la calle, dejando comercios abiertos y coches mal aparcados y abiertos, invitando a saqueadores a hacer lo que se les antojaba.
Nosotros, por otro lado nos dedicábamos a leer, a comer algo, a mirar por la ventana, de vez en cuando a intentar usar el teléfono y a buscar información por internet. Era lo único que conseguíamos hacer sin perder la calma. Esperábamos a que los disparos cesasen para poder salir, pero después de dar unas vueltas al asunto me di cuenta de que aunque cesasen los disparos no podríamos hacer nada. La cuarentena no nos lo permitiría, así que simplemente no sabíamos que hacer; era como ser un preso condenado a la silla eléctrica esperando en su celda a que llegase la hora. Frustrante.
Las siguientes 9 horas fueron iguales, exceptuando momentos en los que se dejaban de escuchar disparos, solo durante unos minutos. Después volvían. Pero hubo un momento en el que finalmente los disparos cesaron.
Nos dimos cuenta enseguida. Acostumbrados a aquel sonido, el silencio se hacía jodidamente molesto y misterioso. Aquel vacio podía significar muchas cosas, como que no había nada a que disparar, nadie que pudiese disparar, o proyectiles que disparar… quien lo sabía? Otra vez, nadie tenía respuesta, y eso me irritaba mucho. Los tres poco a poco dejamos nuestras tareas y disimuladamente, con cuidado, nos fuimos asomando a la ventana en busca de la perseguida respuesta. Pero nada. De noche y lloviendo, la calle estaba totalmente vacía, iluminada por el alumbrado público. Ni siquiera nos habíamos enterado de que llovía… fue una sorpresa agradecida, me gustaba la lluvía.
Carlos empezó a mover el pie, nervioso como todos, esperando a solo el sabía qué; o no… Pero nos contagio ese nerviosismo a Noe y a mí. Parecíamos turistas admirando algo a través de una ventana, mirando a todos lados. Por suerte nuestra angustia duró poco. De la nada salieron montones y montones de furgones blindados a toda pastilla hacia arriba; parecía que todos y cada uno de los furgones que había visto hoy huyeran de la frontera de Sabadell. Era como observar una estampida, pero desde una posición privilegiada.
La poli? Que hacía? Joder! Otra vez lo mismo, ninguna respuesta. Me di la vuelta para irme a hacer lo que fuese, pero cuando ya pensábamos que no veríamos nada más, llegó lo chocante: Una marea de gente vestida con el uniforme de los mossos seguía el camino a pie que habían hecho los furgones, corriendo tan deprisa como podían. Intentaban salvar su vida como fuese, pero algunos se paraban a ayudar a los compañeros que no aguantaban más a la carrera. Incluso desde nuestra privilegiada posición, el miedo se podía ver en sus ojos, y era inevitable fijarse en el número de personas las cuales perdían sangre por alguna horrible herida.
- Esas heridas… No son de bala!-Dijo Noe con un hilillo de voz.- Que coño les ha pasado?
Era cierto, esas heridas eran muy feas; grandes, como desgarros, y de donde salía mucha sangre. Aquello era un espectáculo macabro, capaz de entretener al más sádico, y de hacer vomitar al más sensible.
Mientras nos preguntábamos que había pasado aquella tarde y nuestra angustia crecía por momentos, pegados al cristal como animales que desean salir de su jaula, veíamos el interminable desfile. Cuantos habría? Quinientos? Y de esos quinientos, cuantos estaban heridos? Más de la mitad seguro, acabaríamos antes contando a los ilesos, seguro. Ninguno de nosotros podía decir nada, solo observar con el corazón en el puño. Aquel estúpido día había sido muy ajetreado, y los sucesos anteriores contribuían a aumentar nuestro miedo. Nada de aquello tendría que producirnos esa sensación, pero aun así lo hacía. Creía que en cualquier momento podía pasar cualquier cosa, por extraña que fuese; total, aquel día estaba cargado de cosas extrañas.
Estuvimos un largo rato observando la calle. Sabía que algo iba a pasar. Lo presentía. Pero no hacía falta ser adivino; los mossos habían estado toda la tarde disparando a algo o alguien, y hacia apenas unos minutos, que para mi habían sido eternos, los había visto salir por patas, la mayoría gravemente heridos. Solamente era de esperar que aquello que los había sobrepasado llegase aquí, y no me apetecía que supiesen que estábamos aquí. En cuanto iba a hablar, Carlos se me adelantó.
- Dani, apaga las luces de casa.- me ordenó con seriedad. En otra ocasión me hubiese dedicado a protestar, ya que no me gusta recibir órdenes de nadie, pero sabía porque lo ordenaba y estaba de acuerdo. Me miro con satisfacción y dijo.- O sabes porque te lo digo o tú no eres Dani…- me enseñó su sonrisa, que añadió algo de luz a la situación.
- Creo que se porqué lo dices.- Le dije riendo mientras apagaba la luz del comedor y echaba un ojo a las demás salas.- Todas apagadas.
- Eo! No habléis como si yo no estuviera!- Saltó Noe.- Porque apagáis la luz? Qué pasa si está encendida?
- Si es lo mismo que piensa Dani, es fácil de explicar. Has visto a los mossos? No creo que corriesen porque les apeteciese, y esas heridas tampoco se las han hecho ellos… Huían de algo, algo a lo que han estado disparando toda la tarde y que les ha ganado. Y sea lo que sea o quienes sean, no creo que tarde en llegar, y no nos interesa que sepan que nosotros estamos aquí. Si han hecho eso a los mossos, a montones de mossos armados, no sé que nos harían a nosotros.- Era exactamente lo que yo había pensado, creo que de algún modo me leyó la mente.
- Es verdad… No lo había mirado desde ese punto de vista, pero… Mirad!.- Noe señaló por la ventana.
Los dos seguimos con expectación el dedo de Noe. Desde allí, con dificultad debido a la fina pero intensa cortina de agua que barría la calle, pudimos ver a un hombre. Su presencia sembró en nosotros una sensación extraña, una mezcla entre alegría y miedo. Era el primer hombre que veíamos en horas, sin contar el desfile de Mossos heridos de hacia unos minutos, y parecía estar intacto, aunque caminaba de manera rara, y muy lentamente. Durante un minuto, pegados otra vez al cristal, observamos su movimiento, hasta que estuvo debajo de mi ventana. Entonces pudimos ver claramente bastantes heridas de las cuales salía sangre ya reseca, y algunas de las que salía sangre totalmente líquida diluida con el agua de la lluvia.
Ver aquello producía al mismo tiempo dolor, asco y pena. Pero era una persona herida, gravemente herida, y sentimos la obligación de ayudarlo. Sumidos en la casi total oscuridad, cruzamos el comedor corriendo hasta llegar a la puerta de casa, bajamos las escaleras de dos en dos calculando los espacios a ciegas y esquivando escombros y material para finalmente asomarnos a la calle. Congelado por la temperatura de la calle y empapado en menos de tres segundos, intente llamar la atención de aquel hombre, que ya había pasado de largo el portal.
Se paró, pero eso fue lo único que hizo, nada más. Me sentí jodidamente indefenso en aquella situación; al aire libre, en la humedad del ambiente, demasiada libertad después de horas en casa. Dentro de mi volvía a aparecer el miedo, pero aun así tuve el valor de acercarme con mis amigos hasta donde estaba el y volver a llamarlo. Cuando solo nos separaban dos metros, lentamente se dio la vuelta, hasta encararme, y emitió un indescriptible sonido. Me quedé de piedra, incapaz de moverme, como Noe aquella misma mañana, por culpa del jodido miedo. El miedo te impide hablar, pensar, moverte o sentir, el miedo te bloquea, y conmigo se había cebado. Aquel hombre no era normal, estaba loco, o enfermo! Su cara totalmente pálida, no reflejaba ningún sentimiento, y su mandíbula, casi desencajada, se abría y se cerraba insaciable. Levantó sus brazos ensangrentados y se dirigió hacia mí, a paso lento, pero sin pararse. A menos de un metro de aquel loco pude sentir su olor, desagradable como el de una cañería atascada, capaz de hacerte vomitar tras una prolongada exposición. Pero eso no era lo que más miedo me produjo, ni el montón de heridas que en condiciones normales hubiesen matado a cualquier persona. No… Lo que realmente me paralizó fueron sus ojos; unos ojos inyectados en sangre, de mirada perdida, vacios y sedientos, que me escudriñaban lentamente. Antes de que me diese cuenta estaba delante de mí, sujetándome por un brazo. En el instante en que note su boca contra mi hombro, volví en sí; volví a sentir el frio, la lluvia, la voz de Noe que me llamaba histérica, y aquel olor.
-Pero… Pero qué coño hace! Fuera!
En un acto reflejo moví mi codo con fuerza, proporcionándole un potente codazo que le desencajo del todo la mandíbula, y lo tiró al suelo, con un sonido sordo. Por culpa del frio, sentí un intenso picor unido a dolor justo en el sitio en el que mi codo había tocado con su cara.
Tras contemplar durante unos segundos el charco de sangre casi coagulada que salía de la boca de aquel pobre hombre, sin creerme que yo hubiese hecho algo así, se levanto de nuevo, y entonces yo me di la vuelta.
Dani! Corre!.- Oí de fondo mientras observaba la marea de gente que se dirigía hacia nosotros como el del suelo; brazos en alto y movimiento lento pero incansable. Debido a la cortina de lluvia no podía ver cuántos había, pero un gemido uniforme te permitía adivinar que más de 50, como mínimo, había allí metidos. Sin pensarlo, salí corriendo hacia mi portal mientras Carlos y Noe me esperaban dentro, y esquivando decenas de brazos que intentaban agarrarme justo delante, me metí dentro de un salto cerrando la puerta detrás de mí.

viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 1


Capítulo 1

Un día cualquiera de diciembre, las doce y media. Pese al sol, en la calle hace mucho frio.

Sentados en un banco situado delante de una tienda de televisores, dos chavales pasamos la mañana. Nuestros padres están en Francia, por un viaje de trabajo, y no van a volver hasta dentro de dos semanas. Por eso hoy, en vez de estar en el colegio hemos aprovechado para hacer campana y librarnos de los exámenes que nos acosan y no nos dejan vivir. De vez en cuando va bien escaquearse de la rutina…

Estamos relativamente cerca del cole, pero nos da igual que nos puedan ver; no hay padres a quien darles la charla. La mañana había transcurrido tranquilamente en aquel banco, alejados de nuestros libros de texto. Oíamos sonar el timbre del instituto hora tras hora, y cada vez que lo hacía nos reíamos solos. De vez en cuando veíamos pasar a algunos profesores, y a pocas personas por delante de nosotros. Pocos coches cruzaban la calle, alguno que venía de trabajar o de comprar pasaba ocasionalmente. Eso sí, furgones y coches de policía bajaban la avenida en dirección a la carretera de Barcelona.

Desde esta mañana, algo muy raro, Carlos y yo no habíamos hablado en ningún momento; simplemente habíamos salido de casa, nos habíamos comprado nuestros aperitivos y el diario, y nos habíamos sentado en aquel banco, sumido cada uno en sus pensamientos. Mientras yo como pipas y veo las noticias de TV3, el único canal sintonizado en las 13 teles del escaparate, Carlos toma una Coca-Cola ojeando "el periódico". A nuestro alrededor, la gente se mueve extrañamente rápido, con sus mascaritas de papel que había aconsejado ponerse la Generalitat, al mismo tiempo que como ya he dicho antes, furgones van de aquí para allá, a proteger no se qué. Pero a nosotros nos la suda, somos felices sin hacer nada.

Ya llevábamos una semanita con el aumento de patrullas y las máscaras, en medio de una sociedad presa del pánico por culpa de una posible epidemia la cual habían controlado desde la explosión. Pero aun no habíamos hablado de eso:

  • Joder Carlos, te has enterado?- le dije a mi compañero intentando sacar tema.
  • De que? De lo del escape de Bellaterra?-dijo Carlos- No me jodas que te enteras ahora…
  • No capullo, de lo de que los pacientes han atacado a los médicos y se han salido de la cuarentena.
  • Que dices tío?
  • Coño! Mira la tele! Porque te crees que hay tanta poli por la calle? Porque crees que la peña lleva mascarillas? – dije cabreado, y con cara de preocupación añadí-Es más, lo jodido es que los infectados son violentos, o eso dicen…

  • Ya tío- Dio un trago a la cola- pero es que, tu sabes realmente que ha pasado?

Me quede callado, abriendo una de mis pipas y saboreando la Tijuana, mirando el televisor y recordando los sucesos anteriores. La verdad, habían montado mucho jaleo no solo en Sabadell, sino en toda Catalunya. Ocho días antes, después de una onda expansiva que no llegó hasta aquí, centenares de periodistas se desplazaron hasta un montón de caos, fuego y muerte que sin avisar apareció en Bellaterra. Como ya he dicho, solo encontraron mierda; un enorme cráter abierto en medio de la calle, docenas de personas muertas o con grabes quemaduras, edificios cercanos al cráter ardiendo, coches volados por los aires. Un gran montón de mierda. Pero al igual que Chernóbil, aquí también se cometió un error.

No fue hasta pasados tres días de la explosión que las autoridades pusieron en cuarentena Bellaterra y explicaron lo que había sucedido.





-pues mira, yo sí que lo se- dijo haciéndome el interesante- pero es que es algo muy largo de explicar...

Mirándole con cara de alguien a quien no le venden la moto, solté un simple "bah". Pero esa simple palabra bastó para que su orgullo le hiciera soltarme una parrafada y demostrarme que sí que lo sabía.

- Mira, tu oíste la explosión verdad?

- Joder, para no oírla- dije con borderío.-creo que se tuvo que oír hasta donde quiera que estén nuestros padres...

-Pues como ya sabes, reventó no se qué en un laboratorio subterráneo en Bellaterra, en el cual había varias cepas de un virus, que con la explosión infectó a la gente dañada, cierto?- Lo miré, hice un gesto de afirmación y aproveché para comerme una pipa. Un Mosso d' Esquadra pasó corriendo por delante nuestro, con su fusil colgado a la espalda y el traje de antidisturbios.- Bien, entonces, a los dos días el responsable del laboratorio mandó poner en cuarentena la ciudad, por miedo a la expansión del virus.

- Pero como se contagia esa mierda? No decían que solo se pasaba por contacto de fluidos, como el Sida?

- Si, pero debido a la explosión, la gente herida entró en contacto con el virus. Más tarde sus familiares se vieron con ellos sin saber nada y se besaron, expandiendo el virus.- Hizo una pausa para dar un trago al refresco - de ese modo se expandió por media población y tuvieron que poner en cuarentena la ciudad.

-Pero que es ese virus para que la gente se escape de la cuarentena?- yo, como todos, no entendía nada, ni las acciones tomadas ni el comportamiento de la gente, que sin saber porque atacaban a todo el que se les ponía delante.- No decían que era una gripe, solo que para esta todavía no existía cura?

- sí, pero ayer, cuando anunciaron que se habían escapado, también dijeron que por lo visto la gripe tiene una fase parecida a la rabia animal.- Mientras él se encogía de hombros, a mí se me salieron los ojos de las orbitas. Era algo muy extraño, de lo que apenas habían facilitado información, pero lo suficientemente importante como para poner la ciudad en cuarentena y movilizar a antidisturbios de los Mossos. De repente, Tv3 desapareció de las pantallas, lo último que pude leer en los subtítulos era que "no surtin de casa. Tanquem emisió." - Que raro… Malditos cagados. Pero si solo es una gripe!- grite

- Bueno, al caso. Que han atacado algunos de los policías y les han mordido. No han tenido más remedio que darles la baja y eso significa falta de efectivos. Y algunos de los pacientes han aprovechado para salirse de la cuarentena. Eso es lo que ha pasado y por eso los mossos están en el límite de Sabadell.- Con el silencio que le continuó, entendí que ahí se acababa la explicación.

Nos quedamos un rato sin hablar, mientras Carlos se acababa la lata y yo me echaba el ultimo montón de pipas en la mano, para después tirar el plástico a la basura. Una bocanada de aire hizo errar mi tiro, así que tuve que levantarme a cogerlo. Otro furgón de la policía Nacional, y algo más de gente. Una cosa curiosa en la que me fijé era que todos iban hacia arriba, en la dirección contraria a la policía. Bueno, pensándolo bien tampoco era tan raro. La gente suele huir de cualquier conflicto, y más si por la zona podía aparecer alguna persona con la gripe aquella. Ahora, un coche patrulla. Me pareció ver un montón de armas en los asientos traseros; algo iba mal.

  • Oye Carlos, y tu como sabes todo eso? – solté de repente - tú normalmente no te sueles empanar de nada.
  • Pues mira , que cuando uno está en casa, sin saber qué hacer, i sin internet, además de que ya he acabado los ejercicios de Dibujo Técnico, pues pone la tele y mira lo primero que sale, y resultaron ser las noticias.


Ya eran la una y media. El tiempo había pasado muy rápido y acababa de sonar el timbre que marcaba la salida de los chavales de ESO. Todavía quedaba una hora más para que los de bachillerato, nuestros compañeros, saliesen. Empezaron a salir chicos y chicas, la mayoría muchos más pequeños que nosotros (lógicamente), otros de nuestra edad, repetidores, como Arturo, uno de mis amigos. La marea salía contenta y a paso rápido, deseosos de llegar a sus casas y poder comer y descansar, para volver durante dos horas más por la tarde. La juventud alegró un poco el miedo que reinaba en la calle. La mayoría de los chavales pasaban de largo, sin hacer caso de nuestra presencia, mientras que otros, al reconocernos como alumnos de bachillerato nos miraban extrañados. Entre la marea de gente distinguí a mi amigo Arturo, un buen chico, muy alto, de pelo corto, y repetidor de segundo año. El iba con unos chicos de tercero y no se dio cuenta de que estábamos fuera del cole hasta estar bastante lejos. Aún así me hizo un saludo con la manu y siguió su camino. El día se torció aun más y empezó a hacer demasiado frio como para estar en la calle voluntariamente. Simplemente, nos miramos entre nosotros y supimos lo que teníamos que hacer; nos volvíamos a mi casa.

Durante el camino, por la cuesta que llevaba a mi casa, encontré escondida entre las chicas de cuarto a Noe. Mi amiga, bajita, de pelo negro corto y ojos marrones, se había ido del instituto porque tenía clase de Dibujo Artístico y no había hecho los deberes. Así que en vez de ir a clase y que le pusieran un cero, había preferido escaparse y justificar su falta más tarde con un volante falsificado. Al vernos, se puso muy contenta y vino a vernos. Noe ha sido desde que la conozco una chica muy agradable y cariñosa, y siempre te lo demostraba. Hacía bastante frio, no sentía las manos. Cuando llegó a nosotros, esquivando a la gente, después de saludarnos con un abrazo nos preguntó cómo era que nosotros también habíamos salido. Le explicamos que llevábamos toda la mañana fuera, que habíamos hecho campana y que ya nos íbamos a casa. Pero ella nos dijo que no nos podíamos ir, que también quería estar un rato fuera y que nos quedásemos con ella.Lo consiguió. Tras millones de "porfas" de Noe, no tuvimos más remedio que quedarnos con ella durante un rato. Mientras los dos hablaban, me di cuenta de que en muy poco tiempo, aquella "alegría" había desaparecido y ya reinaba en la calle el silencio, roto de vez en cuando por algún furgón o algún pajarillo. Estuvimos unos cuantos minutos comentando cosas de nuestra vida diaria, como el estrés del instituto, los amores, la suerte que Carlos y yo teníamos por estar sin padres, etc, y recordando cosas de días anteriores, hasta que algo desconocido rompió súbitamente el silencio de la atmosfera.

Un petardo? Joder! Estábamos en pleno invierno. Otra explosión en Terrassa? Aquello esta en cuarentena, era imposible. Entonces qué coño había sido eso?

Como en las películas, un montón de pájaros pasaron volando por encima de nosotros en dirección contraria a los mossos, mientras aquel sonido que perforaba los tímpanos se iba repitiendo con su eco. Otra vez, otra vez ese sonido. Esta vez no solo fue uno, sino que fueron una serie de ellos, 7 si no había contado mal. Los tres nos miramos, viendo el miedo en el fondo de nuestros ojos. Estábamos asustados, y la atmosfera del lugar no ayudaba; algo pasaba.

La imagen apareció de repente en mi cabeza.

Los mossos.

La cuarentena rota.

Los infectados agresivos.

Los mossos.

Los pájaros.

Aquel sonido.

Aquel disparo…

Como alma que lleva el diablo, le gente empezó a salir de todos lados para dirigirse corriendo a algún lugar (supongo que abandonaban sus puestos de trabajo para dirigirse a sus hogares) y nosotros no íbamos a ser menos. Otra ráfaga de disparos sonó, convirtiendo la calle en un caos; una mezcla de histeria, miedo, gritos y empujones. Automáticamente, como si sirviese de algo, saltamos detrás del banco y nos tapamos la cabeza.

Otra ráfaga, más histeria.

Carlos me miró, y me preguntó qué hacer. Miré a todos lados y vi que en la calle no había peligro, así que podríamos movernos sin problemas.

-Cojamos las cosas y vayamos a casa, deprisa!- Dije lo suficientemente alto como para que los dos me oyeran.

Primero salió Carlos, echando a correr y llegando al cruce en pocos segundos. Era normal, es atleta. Llegó mi turno. Justo antes de que saliera yo, un grupo de gente apareció por la esquina corriendo y gritando, como si de una estampida se tratara, y sin poder evitarlo, después de una finta, choqué con uno de ellos y caí al suelo. Durante unos segundos todo se volvió negro, mi cabeza empezó a dar vueltas y los sonidos fueron amortiguados.

Estando tumbado en el suelo, un pitido me devolvió a la realidad, mientras este se transformaba en ráfagas de algún arma de fuego. Me incorporé recibiendo un mareo y apoyándome lo más rápido posible en un árbol para evitar caerme. Miré a Noe.

Su cuerpo estaba todavía agachado, con la cabeza entre las manos y mirando al suelo. Había caído presa del pánico frente a aquella situación, y era incapaz de mover un solo dedo; simplemente, no podía. Lo más rápido que pude, me desplacé hasta donde estaba. Aunque tuve que levantar mucho la voz para que me oyera en medio de aquel estruendo, con palabras amables le dije que me siguiera, pero ella no podía oírme. Puse la mano en su mentón y le alcé la cabeza para que me viese, para que supiese que no estaba sola, y le indique mediante señas que me siguiera. Pese que al principio le costó levantarse, una vez de pié corrimos hacia Carlos como si la vida nos fuese en ello y, al llegar a él, los tres juntos cruzamos la calle y nos introducimos en mi portal, esquivando los materiales para construir el ascensor. Solamente al cerrar la puerta de mi casa detrás de mi desapareció aquella sensación. Era algo dentro de tu cuerpo que te hacía sentir al borde de la muerte en todo momento, y que realmente paralizaba y dificultaba tu movimiento. El sonido de las armas había ayudado a mejorar el efecto de aquel veneno, destrozándote los tímpanos y haciéndote creer que se producían justo a unos metros de ti, utilizando el pánico y el movimiento de la gente a su favor.

¿Qué estaba pasando? Estábamos cagados, pero.. ¿De qué? ¿Realmente habían sido las autoridades capaces de disparar a gente inocente? Y ¿Por qué lo habrían hecho? Era de locos.