Capitulo 4
Ese mismo día, después de una comida relativamente pobre a base de patatas fritas y huevos revueltos, decidimos que era hora de ponerse manos a la obra. Fui a mi habitación y desenterré del armario mi bandolera, y metí dentro la palanca y un puñado de bolsas de plástico; no nos hacía falta nada más. Con la chaqueta, la bandolera, las llaves y un trapo para no respirar aquella mierda, salimos los tres de nuevo a la escalera. Esta vez íbamos más seguros y con mas valor, moviéndonos silenciosamente, aunque ese silencio no duró mucho. En el 1º 2ª, tras llamar tres veces al timbre sin respuesta alguna, una sonrisa malévola apareció en nuestras caras. Empezaba el primer saqueo.
Pero, ¿cómo es posible abrir una puerta con una palanca? El sistema es muy sencillo, solo hace falta fuerza.
Noe abrió la mochila y sacó la palanca dejando la funda dentro, e intentó introducirla sin éxito entre la puerta y el marco. El extremo se deslizó por la madera dejando solamente alguna marcas. Necesitamos crear un hueco, pensé, y entonces se encendió la bombilla. Al cúmulo de sonidos que poblaban la escalera se unió unos mas, un golpe, una patada en una puerta; durante el tiempo que la puerta estuvo desplazada unos centímetros, Noe introdujo la palanca en la ranura, y ahí se quedó, clavada por la presión. Entre los tres, agarramos la herramienta y tiramos con todas nuestras fuerzas, viendo como la física de esa barra hacía su trabajo y nos daba centímetros hasta que finalmente los tornillos del cierre saltaron y la puerta se abrió de golpe.
Asomando la cabeza al piso aparentemente vacío, los tres nos paramos a escuchar el mínimo sonido que indicase presencia humana, pero nada. Los únicos sonidos procedían de abajo. Durante el primer saqueo decidí quedarme en la entrada para tener en todo momento el portal controlado, solo por precaución, y me senté en las escaleras limpiando un poco el peldaño antes de dejarme caer allí. Otra vez, desde aquel pequeño agujero podía ver los brazos pálidos y desgarrados. ¿Qué coño eran? ¿Qué les pasaba? Y… ¿por qué aquel hombre me quiso morder? Había tantas preguntas sin respuesta posible. Pero la pregunta que más veces me hacía sentado en aquella escalera gris y polvorienta era ¿Realmente era posible que los muertos se levantasen y siguiesen moviéndose? Claro que no! Cualquier persona normal me llamaría loco, se reiría de mí, pero entonces; ¿que había solo a unos metros de mí?
Un golpe, no, cristales rotos, abajo. Con miedo, alcé la cabeza y mire por el hueco, viendo mas brazos pálidos asomando ahora a través de la ventanilla inferior de la puerta. No había peligro. Volví a mi posición anterior, mirando hacia la puerta reventada del 1º 1ª. Mis piernas, se movían nerviosamente de arriba abajo. Estaba temblando, y no era de frio. Joder, a quien quiero engañar, estaba cagado. La ignorancia era el peor enemigo, y esta vez estábamos hasta el cuello de ella. ¿Qué nos harían si entraban? ¿Cuál era su fin? Bah! Tampoco quería saberlo, creo que así era mejor.
Carlos y Noe salieron del piso con una bolsa cada uno; no había mucha cosa por lo visto. Tras dejar las cosas en casa, nos dirigimos al piso de Mauri, el 2º1ª, esperando encontrarlos. Al llamar, oímos algunos sonidos, débiles, y el corazón se nos aceleró a los tres. Euforia, diría que fue lo que sentimos. Esperamos impacientes en la puerta con una amplia sonrisa durante unos minutos, aguantando la respiración para no vomitar. Desgraciadamente, nuestra euforia se acabó con el maullido de Chispas el gato de Mauri… Otra vez, no había nadie. Por lo tanto, entramos a saquear la casa, pero por suerte teníamos llave y no hizo falta romper la puerta. Me sorprendí al darme cuenta de que me alegraba de entrar, de salir de la escalera. Me daba miedo estar fuera. Dejamos a Carlos esta vez en la puerta y, esquivando al gato, empezamos a buscar.
El piso se mostraba ordenado y limpio, con las persianas levantadas. Daba la sensación de que mis vecinos solamente habían salido un momento, de que en cualquier momento volverían, como si nada. Pero no sé por qué, creía que nunca los volvería a ver...
No había tiempo para eso, ahora teníamos que aprovisionarnos para aguantar el tiempo que tardasen en largarse los muertos. Buscábamos básicamente alimentos, material para la higiene, y... ¿Por qué no ? Objetos de valor también. De esa manera obtuvimos patatas fritas, sobres de sopa, jabón, pasta de dientes, colonia, un portátil y algo de dinero. Me movía rápidamente, intentando no romper nada, registrando cada cajón y armario y metiendo todo aquello que veía útil en la bolsa, hasta haber mirado todas las habitaciones.
Finalmente dejamos la casa cerrada y algo de comida y agua para el pobre gato. Al no encontrar a nadie repetimos el proceso: patada / palancazo / saqueo en las otras viviendas hasta llegar al 4º 2ª.
Todo iba como la seda, y nuestra cabeza ya pensaba en que podríamos sacar de aquel piso, pero cuando llamamos a la puerta, más por rutina que por interés, un ruido nos sobresaltó, destrozando nuestros planes en milésimas de segundos.
Había alguien allí dentro? Durante más de dos minutos esperamos delante de aquella puerta, la que a mí de repente me parecía enorme, deseando que alguien nos abriese lo antes posible y mirando por el hueco de la escalera de reojo en todo momento.
Joder... Joder! Abridme! Pensaba una y otra vez. Odiaba estar ahí fuera, lo odiaba con todas mis ganas. Llamé furiosamente al timbre cuatro veces seguidas sin obtener respuesta alguna, así que tiramos de la palanca. Tras solamente tres pisos abiertos mediante aquella vía, me sorprendió lo rápido que abrimos esta vez la puerta; solo tardamos tres segundos en reventar la puerta. Rápidamente, nos quitamos los trapos y entramos los tres en la casa. Nada más abrir la puerta de la entradita, al acceder al comedor, intente tomar una gran bocanada de oxígeno. Pero lo que entró por mi boca no fue aire puro, sino ese abundante y fuerte olor fétido. Y lo que entró por mis pupilas no fue la cálida imagen de comedor agradable al que estaba acostumbrado.
Sangre, en el suelo y las paredes. Sillas volcadas. La cristalera con las copas destrozada, creando un lago de cristal rojizo alrededor. Libros, películas, el mando de la televisión, restos de un jarrón... todos en el suelo, ensangrentados. Manos rojas que te saludan desde un fondo de pared blanco, invitándote a imaginar que ha pasado en aquella jodida sala. Desconchones. Un cuchillo, ensangrentado, sostenido por una mano... unida al cadáver de una mujer, acostada bajo las cortinas teñidas y arrancada por algún motivo de las ventanas.
La imagen entró súbitamente por mis ojos , acompañada del hedor de la muerte, destrozando en segundos mi yo interno. Sin darme cuenta, acostumbrado a la fuerza al sabor amargo del bilis caliente en mi boca, la primera arcada llegó a ella. Tuve que hacer un gran esfuerzo para aguantar el vómito mientras me adentraba en las entrañas de aquel matadero improvisado en busca del baño. Vacié por segunda o tercera vez mi estómago en aquel día y salí al pasillo con la intención de volver donde Carlos y Noe y salir de allí, pero me quedé en el marco. La misma escena se repetía en el corredor hasta desembocar en la habitación de matrimonio, la cual se veía muy parcialmente desde la puerta entre abierta. Al principio pensé que eran imaginaciones mías, pero luego descubrí que no, que de allí dentro salían unos extraños sonidos. Y como no, como el capullo que soy; me acerqué por pura curiosidad.
Lentamente me acerque a la habitación, notando a cada paso que daba el incremento en la intensidad del olor a muerte, hasta que abrí la puerta y no pude hacer otra cosa que retroceder, tropezar y caer.
Delante de mi, sobre la cama, un hombre, de piel extremadamente pálida, reposaba arrodillado sobre el cuerpo medio devorado de una mujer. También en la habitación se apreciaban signos de violencia, y la sangre llenaba la colcha del lecho. Con el ruido sordo de mi caída, involuntariamente llamé su atención, y se dio la vuelta. Como en todos los de abajo, su cara pálida resaltaba notablemente unos ojos vacíos y sedientos.
Pero algo tenía aquel diferente de los demás. Su boca, bañada en sangre, dejaba ver entre unos negros dientes pedazos de algo rosado; piel... humana... Joder joder joder! Aquel hijo de puta… se la estaba comiendo? Maldito bastardo! Así que eso es lo que hacen? Por eso habían disparado y huido los mossos? Porque te quieren comer! Vuelven a la vida para comerte?!
Ahora no podía seguir con esa estúpida y jodida idea, había cosas que requerían extrema atención. El hijo de puta se había levantado y ahora se dirigía a paso lento hacia mí, ignorando a su antigua presa. Maldita sea; la segunda vez que estaba tan cerca de una de esas cosas, y la segunda vez que me quedaba paralizado por el miedo. Sentado en el pasillo, temblando, mi boca quería pedir ayuda, llamar al 091, a los GEOs, solicitar un bombardeo con napalm o dar la orden de reventar la cabeza nuclear de algún país aquí mismo, pero solamente pude pronunciar un débil "ayuda" que gracias a dios llegó a oídos de mis amigos. Como alma que lleva el diablo, Carlos y Noe aparecieron en el pasillo detrás de mí. También ellos quedaron congelados al ver al muerto caminando hacia nosotros, con la boca abierta.
Todavía no sé cómo pude hacer algo así, simplemente sucedió todo demasiado deprisa. Miré desesperado a todos lados, buscando algo. Sangre, muebles, libros, un cuchillo… Un cuchillo! Me estiré todo lo que pude y lo cogí firmemente. Sin pensarlo hundí la hoja en el abdomen del muerto intentando frenarlo, pero no reaccionó, no gritó, no sangró, nada… Centímetros, solo unos cuantos centímetros lo separaban de mí, y algo golpeó fuertemente su sien, mandando a la criatura contra la pared mientras millones de astillas, trozos de sesos y sangre coagulada brotaban del hueco que había en su cabeza. Finalmente impactó contra la pared y, con un sordo ruido, cayó al suelo. Y allí se quedó, inmóvil, formando un nuevo pequeño charco rojo alrededor de la herida que se sumó a la monotonía de la casa.
Encima de mí Carlos aguantaba la palanca manchada con fuerza en sus manos, y su cara lo decía todo. "Como he podido golpear a un hombre en la cabeza"? es lo que pensaba. Pero aquello no era un hombre. Estoy seguro. Y no lo había golpeado, lo había matado.
-Carlos. Salgamos de aquí, por favor.
-Pero… pero como he podido hacer algo… así?- Lo que había hecho para salvarme la vida había sido una brutalidad, si, pero si no lo hubiese hecho el final hubiera sido distinto.
- No pienses en eso ahora Carlos, vámonos de aquí- dijo Noe, con la voz temblando.- No quiero estar ni un minuto más aquí.
Carlos asintió, y me dio la mano para levantarme e irnos. Nos dimos la vuelta, y otra vez, todo sucedió demasiado rápido para razonar nuestros movimientos. Delante de nosotros, justo detrás de Noelía, la mujer que anteriormente se descomponía el comedor, ahora avanzaba hacia nosotros, brazos en alto. Simplemente, hicimos lo que creíamos que teníamos que hacer, y mientras yo apartada a Noe, Carlos estampó la palanca en la sien de aquella mujer, hundiendo el cráneo y creando como sombrero una pulpa rojiza asquerosa. El cuerpo parcialmente mutilado cayó limpiamente al suelo, y durante unos segundos, solo unos segundos, se movió espasmódicamente.
. . .
Sentados en el sofá, de nuevo en casa, los tres pensábamos cabizbajos en los acontecimientos que habían tenido lugar en aquel piso. Dios… había sido una pesadilla eterna, que no abandonaría fácilmente nuestras mentes. Una cosa era ver a los muertos caminar directamente, chocante. Pero otra muy distinta es ver a los muertos, "muertos", levantarse y caminar hacia ti… Y luego estaba lo del cuchillo y la palanca, haber matado no a una, sino a dos personas. Bueno, si se les puede llamar personas... Dios mío, qué coño está pasando aquí, como se ha podido ir tan rápidamente el mundo al carajo? Como coño han podido levantarse los muertos, atrincherarte en tu casa y que el gobierno o quien se encargue de esta mierda te deje incomunicado a tu suerte? Joder, ya empezaba a rallarme. Era demasiado fácil desconectar y empezar a preguntarte todo lo que te pasaba por la cabeza, sin obtener una jodida respuesta. Y encima Carlos estaba raro, no hablaba, y por más que le explicásemos que lo que había hecho estaba bien, no entraba en razón. Yo había clavado un cuchillo, y había notado la facilidad con la que la hoja atraviesa la piel humana, pero no había matado a nadie, claro. Supongo que no es lo mismo.
Empezaba a oscurecer y todavía no habíamos protegido las puertas. Tras el "incidente", y después de saber qué es lo que hacen cuando te cogen los bastardos caminantes (dios, cada vez que recordaba la imagen yo también me volvía pálido…) llegamos a la conclusión de que había que armarse y reforzar las puertas. Sonaba muy peliculero, pero más vale prevenir que curar.
Da igual, lo haríamos mañana. Esta noche tocaba debate, ralladas y pesadillas…