lunes, 18 de julio de 2011

Capítulo 7, parte 1

Capítulo 7, parte 1


Con el corazón a punto de salirse por mi boca y sin creerme que estuviese vivo, sentí el tacto de los cómodos asientos del Mazda rojo que había bajo el techo de la iglesia. Me eché a un lado, dejando entrar a Carlos y Noe. Mi amigo limpió su espada en el pantalón y la echó a la parte trasera. Yo solté la correa y eche la escopeta. Me encontré con la vara entre mis piernas, manchada y terriblemente doblada; abrí la puerta y la eché a la calle, notando el impulso del acelerón del coche. Sin quererlo, cerré la puerta bruscamente.

La voz de Adri me ilusionó. Estaba sentado en el asiento del copiloto, con ese artilugio entre las manos. A su izquierda, Javi, su vecino. Cerré los ojos, mareado. Noté la aceleración del coche apretándome contra el asiento mientras escuchaba el chirrido de las ruedas. A toda velocidad el coche se lanzó calle adelante, en línea recta, pasando por encima de un cadáver como si nada, como si un vado para mantener la velocidad fuese. Volví a abrir los ojos, centrándome en el recorrido.

Al final de la calle; la panadería. Un par de esas bestias asomaron de entre expositores y hornos atraidos por el sonido del motor, vestidos con un delantal rojo y con las manos a juego alzadas. El gorrito les quedaba muy mono. Giramos a la izquierda antes de chocar con el establecimiento. La calle estaba ocupada por decenas de coches que tras el panorama habían intentado escapar y se habían encontrado con esos engendros en el camino, sufriendo una terrorífica muerte. Sorteando los vehículos abiertos y los cuerpos muertos o no muertos que encontrábamos a nuestro paso, el coche giró bruscamente evitando un grupo de cadaveres que estaba en mitad de la calzada. Mi lado del coche chocó con unos cuantos cuerpos, originando un ruido sordo en el interior.

Pronto abandonamos los gemidos, con el motor a toda velocidad si no estábamos esquivando cuerpos o vehículos tirados. Tomamos la Gran Vía y el coche frenó en seco. En mitad de la carretera, cortándola en diagonal, el tren dirección Manresa que pasaba el lado de la carretera yacía volcado en la calzada, tras haber descarrilado. Los vagones humeantes guardaban en sus entrañas decenas de cadáveres ardientes que asomaron al oír el ruido del motor. El terrible accidente había causado estragos en la carretera, arrancando parte del pavimento, y la había bloqueado finalmente.

Javi retrocedió, cogiendo un nuevo camino para llegar a casa de Adrià. A la velocidad a la que íbamos, llegamos hasta nuestro destino en 3 minutos.


El vehículo se adentró sigilosamente en la calle, con el motor apagado, moviéndose gracias a la inclinación de la carretera. Los cadáveres, algunos quemados, otros mutilados, yacían sin orden alguno en el suelo, dando la bienvenida a lo que esperábamos fuese nuestro nuevo hogar, una fortaleza de tres plantas donde estar seguros. Las altas verjas de color verde rodeaban la casa, abrigadas por una serie de plantas trepaderas puestas buscando la decoración del hogar. Realmente imponente.

De repente el coche se detuvo, y Adri salió con decisión del vehículo, dirigiéndose al portón que cerraba la entrada al garaje. Dejó su arma a un lado e interactuó con el portón metiendo la mano por una rendija; acto seguido, un "clac" indicaba k el mecanismo estaba abierto, y mi amigo desplazó la puerta lentamente, para evitar hacer demasiado ruido. Aunque tampoco parecía que hubiese nadie a quien alertar. La urbanización se presentaba vacía. Javi introdujo el coche en la casa y a nuestras espaldas Adri cerró la puerta del garaje.

-Bueno, bienvenido de nuevo, Dani. Bienvenidos a mi casa.-Dijo Adri esbozando una sonrisa mientras dejaba ese escupe fuegos encima de una lavadora.

- Aunque de momento solo podéis llamar casa a esta planta. Tranquilos, está preparada para que podamos vivir sin problemas, y aunque al principio os será algo incómodo, todo es acostumbrarse.

-Se nota que algo ha pasado aquí, el garaje está muy cambiado.- Efectivamente muchas cosas habían cambiado. Antiguamente esa habitación era una estancia casi vacía, ocupada por un coche y dos bicicletas, y unas cuantas pelotas metidas en una caja. Pero esta vez había herramientas en cada rincón, 5 bicicletas al lado de la puerta, una caja con piezas (de un motor quizás?) cojines y mantas, dos neveras al fondo junto con una lavadora, y linternas cerca de cada grupo de los objetos anteriormente nombrados. Una interesante mezcla entre casa y taller.

- Es seguro?

-Impenetrable. La puerta del garaje es reforzada antirrobos, y la que da directamente a la casa es blindada. Para que te hagas una idea, si un incendio apareciese aquí dentro y nos escondiésemos en la sala del billar, la puerta nos resistiría una hora. Cambia el incendio por unos cadáveres enclenques, VOILÁ; impenetrable.

-Y las ventanitas? Y las escaleras que dan al comedor?

-Las ventanas son muy pequeñas y están tapadas, y las escaleras cerradas con llave. Arriba todo está preparado para evitar robos tío, nada puede entrar. Y al escondernos aquí abajo, ni siquiera nos ven.- La voz de Adri era firme, orgullosa, inspiraba confianza.



Mientras observaba lo que ojala se convirtiese en nuestro nuevo hogar, Carlos se acercó al maletero y sacó nuestras escasas pertenencias, dejándolas junto a las de nuestros compañeros. Fue impactante. Había desconectado por completo de la situación dejándome caer en el cómodo asiento de aquel Mazda y ver ahora la vara manchada y la escopeta a medio recargar fue como un puñetazo en el estómago, un golpe devastador que me hizo percatarme del peligro que habíamos corrido, y que de hecho, seguíamos corriendo en menor escala.
Javi debió estar observándome en ese momento, porque acto seguido empezó a decir:

-No sé cómo coño seguís vivos, pero después de lo que oí desde el coche antes, deberéis estar agotados.- Dijo abriendo la puerta del pasillo.-Te parece si les acompañas a que echen una cabezada?
Adri se adelantó y abriendo la puerta de la sala de billares nos invitó a pasar. Cualquier objeto que recordase había sido sacado y cambiado por colchones, almohadas y mantas. Las pequeñas ventanas a ras del techo habían sido tapadas con un contrachapado a base de clavos, por lo que la única luz existente provenía de la del garaje.

-Escoged el que queráis.- Dijo, y acto seguido cerró la puerta de cristal y nos sumió en la casi total oscuridad al hacer lo mismo con la blindada de la sala conjunta.

Sin protestar y sacándonos de encima cualquier objeto o bolsa, nos dejamos caer en los colchones, y con una extraña fuerza que empujaba mi cuerpo contra el suelo como si la gravedad en aquella zona aumentase, comúnmente llamada cansancio, me dormí. La sensación de que la muerte acechaba bajo cada uno de mis pasos pareció desvanecerse.




Desperté, solo, asustado, todavía peleándome contra cientos de cadáveres inexistentes, salvo en mi atormentada mente, devorando mis pensamientos. Esperaba escuchar la respiración de Carlos o Noe, pero no se oía más que un rumor que venía de no muy lejos; el garaje.

Una tenue luz entraba por la separación entre el portón y el suelo, las 7 quizás? Me acerqué al grupo y me introduje en la conversación, rodeando a Noe con el brazo, contento de que mis amigos estuviesen conmigo.

-Y por último, gracias a estas varillas, al apretar el gatillo la tapa se hunde y el gas sale contra el mechero creando la llamara.

-Concluyó orgulloso y sonriente. Su cara era igualita a la de un niño pequeño fardando de su nuevo juguete. Entonces, se percató de mi presencia.

–Hombre Dani! Por fin te levantas, llevas tres horas acostados.- dijo con un falso tono de mofa.

-Tío tu amigo es un genio! -saltó Noe. - Fíjate en lo que ha hecho… con objetos que cualquiera tiene en su casa!

-si… ya. Esto… Que tienes pensado tío? Cuál es tu plan?

-Pues… no he pensado nada, simplemente vamos viviendo y si sucede algo lo arreglamos y centramos algo más de atención en intentar que no se repita. Es eso, sin complicaciones ni nada.
-Sin complicaciones? Estas de coña? Tío. Si eso te ha funcionado hasta ahora, felicidades. Pero ahora hay más gente aquí y no puedes seguir así. Como no puedes tener un plan?! No tienes previsto que harás cuando se acabe la comida? Ni por dónde escaparás si las cosas se tuercen? - le pregunte furioso, molesto por su falta de dedicación hacia un tema tan importante.

-Eh Dani, tranquilo! Porqué estas así? Te has levantado con el pie izquierdo o qué?

-Me pasa que no entiendo cómo puedes estar con esa felicidad encima tío! Eres acaso consciente de la gravedad de la situación? Joder, yo no sé cómo os habrá ido a vosotros, pero yo he perdido mi casa, todo lo que me quedaba estará ahora infectado de cuerpos malolientes… - Una lagrima cayó desde mi ojo izquierdo. - Y tu estas aquí sonriente, fabricando armas en tu supuesto búnker y saliendo por ahí a matar a los que se acercan, como si fuesen pájaros, y nosotros hemos estado sitiados durante días, sin saber que iba a pasar en el segundo siguiente, si seguiríamos vivos o muertos, hasta que entraron y tuvimos que escondernos en aquella puta iglesia. Pero tu sin complicaciones! Qué coño haremos ahora?? Acaso sabes a que nos enfrentamos

- tío, no seas tan pesimista. Es cierto que no sabemos qué son, pero tampoco necesitamos saberlo; basta con saber que de un golpe en la cabeza se quedan K.O. También tenemos alguna pista, el hecho de que quizás sea por culpa de aquello de Bellaterra. Algo hace que los muertos sigan vivos por decirlo de alguna manera, y quizás el hecho de que somos diferentes les haga atacarnos. Y respecto a lo demás…

-Te crees que nosotros no hemos tenido miedo? Que no hemos perdido nada? El que siga teniendo mi casa quizás solo se deba a que no estoy "en la ciudad", nada más. La gente ha desaparecido, seguramente escondidos como nosotros. La zona está en cuarentena por lo que no podemos esperar ayuda de nadie. Pero nos tenemos a nosotros. Tenemos un lugar seguro, manera de escapar, comida, armas… Dani, podemos seguir adelante; pero para ello necesitamos creerlo posible.

Tras unos segundos de reflexión que parecieron horas, contesté un "está bien" e intenté cambiar de tema dirigiendo la conversación hacia la cena de aquella noche. Hacía años que la situación en casa, antes de todo esto, no era nada buena, y había aprendido que cuando todo esta negro y otros caerían; la única manera de seguir de pie es ignorar todo lo malo y poner toda tu atención en aquellos pequeños detalles que arrojan luz sobre tu vida. Fácil de decir, increíblemente difícil de conseguir. Pero yo sabía cómo hacerlo, y una vez más, era nuestra única salida; Adri tenía razón.

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