sábado, 29 de enero de 2011

Capítulo 2

Capítulo 2

Pese a estar “seguros” en mi casa, los disparos no habían cesado; Seguían sonando amortiguados por el recubrimiento del edificio. Mientras mi cabeza se inundaba de preguntas y mis oídos seguían oyendo cortas ráfagas, los tres observábamos de pié el exterior por la ventana del comedor. Pero no veíamos nada, solo gente que ocasionalmente pasaba corriendo en alguna dirección y algún furgón policial. El ambiente dentro de aquellas paredes era tranquilo, realmente tranquilo, así que nos dejamos caer en el sofá. Carlos tenía una ligero temblor en la mano, que noté cuando cogió el mando de la tele
-ponemos la tele, a ver si nos enteramos de que está pasando?.- Dijo con una voz casi ahogada.
Asentimos. Noe, que se había calmado nada más cruzar el umbral de la puerta, me pidió si podía coger el teléfono para llamar a su familia. Por segunda vez, asentí, apuntando mentalmente que después yo llamaría a mis abuelos. Pero eso no fue posible, ya que ni la televisión ni el teléfono funcionaban, solo en TV3 se podía leer un mensaje estático que decía:
“Mantinguin la calma. Catalunya ha sigut declarada zona en cuarentena. Esperin a casa fins que un transport de la creu roja els reculli y no entrin en contacte amb ningún infectat.”
Aquel mensaje fue la gota que colmó el vaso. Estábamos en cuarentena, toda Catalunya estaba ahora en cuarentena, sin noticias, sin comunicación, y la policía estaba a medio quilómetro de aquí disparando contra alguien, o algo… Y por último, lo más raro; Un transporte tenía que venir a buscarnos a casa… para sacarnos de la cuarentena? No cuadraba, no…
-Esto no está bien.- lo dejé caer como quien no quería la cosa, para comprobar si era el único que lo notaba.
-¿Cómo que no está bien? ¿El qué no está bien?.- Como mínimo Noe no se había percatado.
-Si te refieres a los disparos, no estamos seguros de que estén disparando a la gente infectada…- Carlos sí que había reflexionado sobre los disparos, pero aun así no se lo terminaba de creer.- Claro que… tampoco se me ocurre otra opción.
- En eso tienes razón Carlos, pero no, no quería ir por ahí.- Antes de seguir, ordené mi cabeza para no liarnos más de lo que ya estábamos.- A ver, escuchadme bien. Primero nos dicen que estamos en cuarentena. El objetivo de una cuarentena es que nada salga ni entre, pero nos dicen que van a venir a buscarnos, y que para ello estemos en casa, al mismo tiempo que nos incomunican. Lo veis? Es mentira! Nadie va a venir a buscarnos! Solamente quieren tenernos callados y quietos, escondidos en casa y abandonados a nuestras suerte!
Los dos tragaron saliva, asimilando todo lo que les había dicho y haciéndose a la idea de que nos dejaban aquí para que nos diesen por culo.
- Pero, ¿ Por qué iban a hacer eso?.- La pregunta quedó en el aire. No teníamos la respuesta.
Las horas pasaban lentamente encerrados en aquella casa, sin saber qué hacer. Cualquier tipo de entretenimiento se veía frustrado por la curiosidad y la angustia. Internet seguía funcionando, solo que un mensaje de Google me informaba de que debido a la posición de mi IP, algunas webs no podrían mostrase. Prácticamente no pude acceder a nada.
Después de nuestra discusión sobre qué hacer, tras aceptar que nos habían dejado a nuestra suerte, decidimos quedarnos en mi casa. Estábamos seguros, cómodos y con comida; era la mejor opción. Por otro lado, a donde podíamos ir? Cada poco tiempo un furgón de la policía bajaba y subía la avenida, el mismo furgón siempre. Por lo demás la gente había hecho caso a TV3 y habían abandonado la calle, dejando comercios abiertos y coches mal aparcados y abiertos, invitando a saqueadores a hacer lo que se les antojaba.
Nosotros, por otro lado nos dedicábamos a leer, a comer algo, a mirar por la ventana, de vez en cuando a intentar usar el teléfono y a buscar información por internet. Era lo único que conseguíamos hacer sin perder la calma. Esperábamos a que los disparos cesasen para poder salir, pero después de dar unas vueltas al asunto me di cuenta de que aunque cesasen los disparos no podríamos hacer nada. La cuarentena no nos lo permitiría, así que simplemente no sabíamos que hacer; era como ser un preso condenado a la silla eléctrica esperando en su celda a que llegase la hora. Frustrante.
Las siguientes 9 horas fueron iguales, exceptuando momentos en los que se dejaban de escuchar disparos, solo durante unos minutos. Después volvían. Pero hubo un momento en el que finalmente los disparos cesaron.
Nos dimos cuenta enseguida. Acostumbrados a aquel sonido, el silencio se hacía jodidamente molesto y misterioso. Aquel vacio podía significar muchas cosas, como que no había nada a que disparar, nadie que pudiese disparar, o proyectiles que disparar… quien lo sabía? Otra vez, nadie tenía respuesta, y eso me irritaba mucho. Los tres poco a poco dejamos nuestras tareas y disimuladamente, con cuidado, nos fuimos asomando a la ventana en busca de la perseguida respuesta. Pero nada. De noche y lloviendo, la calle estaba totalmente vacía, iluminada por el alumbrado público. Ni siquiera nos habíamos enterado de que llovía… fue una sorpresa agradecida, me gustaba la lluvía.
Carlos empezó a mover el pie, nervioso como todos, esperando a solo el sabía qué; o no… Pero nos contagio ese nerviosismo a Noe y a mí. Parecíamos turistas admirando algo a través de una ventana, mirando a todos lados. Por suerte nuestra angustia duró poco. De la nada salieron montones y montones de furgones blindados a toda pastilla hacia arriba; parecía que todos y cada uno de los furgones que había visto hoy huyeran de la frontera de Sabadell. Era como observar una estampida, pero desde una posición privilegiada.
La poli? Que hacía? Joder! Otra vez lo mismo, ninguna respuesta. Me di la vuelta para irme a hacer lo que fuese, pero cuando ya pensábamos que no veríamos nada más, llegó lo chocante: Una marea de gente vestida con el uniforme de los mossos seguía el camino a pie que habían hecho los furgones, corriendo tan deprisa como podían. Intentaban salvar su vida como fuese, pero algunos se paraban a ayudar a los compañeros que no aguantaban más a la carrera. Incluso desde nuestra privilegiada posición, el miedo se podía ver en sus ojos, y era inevitable fijarse en el número de personas las cuales perdían sangre por alguna horrible herida.
- Esas heridas… No son de bala!-Dijo Noe con un hilillo de voz.- Que coño les ha pasado?
Era cierto, esas heridas eran muy feas; grandes, como desgarros, y de donde salía mucha sangre. Aquello era un espectáculo macabro, capaz de entretener al más sádico, y de hacer vomitar al más sensible.
Mientras nos preguntábamos que había pasado aquella tarde y nuestra angustia crecía por momentos, pegados al cristal como animales que desean salir de su jaula, veíamos el interminable desfile. Cuantos habría? Quinientos? Y de esos quinientos, cuantos estaban heridos? Más de la mitad seguro, acabaríamos antes contando a los ilesos, seguro. Ninguno de nosotros podía decir nada, solo observar con el corazón en el puño. Aquel estúpido día había sido muy ajetreado, y los sucesos anteriores contribuían a aumentar nuestro miedo. Nada de aquello tendría que producirnos esa sensación, pero aun así lo hacía. Creía que en cualquier momento podía pasar cualquier cosa, por extraña que fuese; total, aquel día estaba cargado de cosas extrañas.
Estuvimos un largo rato observando la calle. Sabía que algo iba a pasar. Lo presentía. Pero no hacía falta ser adivino; los mossos habían estado toda la tarde disparando a algo o alguien, y hacia apenas unos minutos, que para mi habían sido eternos, los había visto salir por patas, la mayoría gravemente heridos. Solamente era de esperar que aquello que los había sobrepasado llegase aquí, y no me apetecía que supiesen que estábamos aquí. En cuanto iba a hablar, Carlos se me adelantó.
- Dani, apaga las luces de casa.- me ordenó con seriedad. En otra ocasión me hubiese dedicado a protestar, ya que no me gusta recibir órdenes de nadie, pero sabía porque lo ordenaba y estaba de acuerdo. Me miro con satisfacción y dijo.- O sabes porque te lo digo o tú no eres Dani…- me enseñó su sonrisa, que añadió algo de luz a la situación.
- Creo que se porqué lo dices.- Le dije riendo mientras apagaba la luz del comedor y echaba un ojo a las demás salas.- Todas apagadas.
- Eo! No habléis como si yo no estuviera!- Saltó Noe.- Porque apagáis la luz? Qué pasa si está encendida?
- Si es lo mismo que piensa Dani, es fácil de explicar. Has visto a los mossos? No creo que corriesen porque les apeteciese, y esas heridas tampoco se las han hecho ellos… Huían de algo, algo a lo que han estado disparando toda la tarde y que les ha ganado. Y sea lo que sea o quienes sean, no creo que tarde en llegar, y no nos interesa que sepan que nosotros estamos aquí. Si han hecho eso a los mossos, a montones de mossos armados, no sé que nos harían a nosotros.- Era exactamente lo que yo había pensado, creo que de algún modo me leyó la mente.
- Es verdad… No lo había mirado desde ese punto de vista, pero… Mirad!.- Noe señaló por la ventana.
Los dos seguimos con expectación el dedo de Noe. Desde allí, con dificultad debido a la fina pero intensa cortina de agua que barría la calle, pudimos ver a un hombre. Su presencia sembró en nosotros una sensación extraña, una mezcla entre alegría y miedo. Era el primer hombre que veíamos en horas, sin contar el desfile de Mossos heridos de hacia unos minutos, y parecía estar intacto, aunque caminaba de manera rara, y muy lentamente. Durante un minuto, pegados otra vez al cristal, observamos su movimiento, hasta que estuvo debajo de mi ventana. Entonces pudimos ver claramente bastantes heridas de las cuales salía sangre ya reseca, y algunas de las que salía sangre totalmente líquida diluida con el agua de la lluvia.
Ver aquello producía al mismo tiempo dolor, asco y pena. Pero era una persona herida, gravemente herida, y sentimos la obligación de ayudarlo. Sumidos en la casi total oscuridad, cruzamos el comedor corriendo hasta llegar a la puerta de casa, bajamos las escaleras de dos en dos calculando los espacios a ciegas y esquivando escombros y material para finalmente asomarnos a la calle. Congelado por la temperatura de la calle y empapado en menos de tres segundos, intente llamar la atención de aquel hombre, que ya había pasado de largo el portal.
Se paró, pero eso fue lo único que hizo, nada más. Me sentí jodidamente indefenso en aquella situación; al aire libre, en la humedad del ambiente, demasiada libertad después de horas en casa. Dentro de mi volvía a aparecer el miedo, pero aun así tuve el valor de acercarme con mis amigos hasta donde estaba el y volver a llamarlo. Cuando solo nos separaban dos metros, lentamente se dio la vuelta, hasta encararme, y emitió un indescriptible sonido. Me quedé de piedra, incapaz de moverme, como Noe aquella misma mañana, por culpa del jodido miedo. El miedo te impide hablar, pensar, moverte o sentir, el miedo te bloquea, y conmigo se había cebado. Aquel hombre no era normal, estaba loco, o enfermo! Su cara totalmente pálida, no reflejaba ningún sentimiento, y su mandíbula, casi desencajada, se abría y se cerraba insaciable. Levantó sus brazos ensangrentados y se dirigió hacia mí, a paso lento, pero sin pararse. A menos de un metro de aquel loco pude sentir su olor, desagradable como el de una cañería atascada, capaz de hacerte vomitar tras una prolongada exposición. Pero eso no era lo que más miedo me produjo, ni el montón de heridas que en condiciones normales hubiesen matado a cualquier persona. No… Lo que realmente me paralizó fueron sus ojos; unos ojos inyectados en sangre, de mirada perdida, vacios y sedientos, que me escudriñaban lentamente. Antes de que me diese cuenta estaba delante de mí, sujetándome por un brazo. En el instante en que note su boca contra mi hombro, volví en sí; volví a sentir el frio, la lluvia, la voz de Noe que me llamaba histérica, y aquel olor.
-Pero… Pero qué coño hace! Fuera!
En un acto reflejo moví mi codo con fuerza, proporcionándole un potente codazo que le desencajo del todo la mandíbula, y lo tiró al suelo, con un sonido sordo. Por culpa del frio, sentí un intenso picor unido a dolor justo en el sitio en el que mi codo había tocado con su cara.
Tras contemplar durante unos segundos el charco de sangre casi coagulada que salía de la boca de aquel pobre hombre, sin creerme que yo hubiese hecho algo así, se levanto de nuevo, y entonces yo me di la vuelta.
Dani! Corre!.- Oí de fondo mientras observaba la marea de gente que se dirigía hacia nosotros como el del suelo; brazos en alto y movimiento lento pero incansable. Debido a la cortina de lluvia no podía ver cuántos había, pero un gemido uniforme te permitía adivinar que más de 50, como mínimo, había allí metidos. Sin pensarlo, salí corriendo hacia mi portal mientras Carlos y Noe me esperaban dentro, y esquivando decenas de brazos que intentaban agarrarme justo delante, me metí dentro de un salto cerrando la puerta detrás de mí.

1 comentario:

  1. uaaaa q angustia tio!! cómo se os ocurre abrirle a un zombie hijos de dios!! xDDDD de verdad q lo he pasado mal en este capi, solo imaginarme el desfile de mossos sangrando por la avenida Matadepera... madremia o_o

    sigue Nico que esto está genial! tengo ganas de veros matando zombies!

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