Capítulo 1
Un día cualquiera de diciembre, las doce y media. Pese al sol, en la calle hace mucho frio.Sentados en un banco situado delante de una tienda de televisores, dos chavales pasamos la mañana. Nuestros padres están en Francia, por un viaje de trabajo, y no van a volver hasta dentro de dos semanas. Por eso hoy, en vez de estar en el colegio hemos aprovechado para hacer campana y librarnos de los exámenes que nos acosan y no nos dejan vivir. De vez en cuando va bien escaquearse de la rutina…
Estamos relativamente cerca del cole, pero nos da igual que nos puedan ver; no hay padres a quien darles la charla. La mañana había transcurrido tranquilamente en aquel banco, alejados de nuestros libros de texto. Oíamos sonar el timbre del instituto hora tras hora, y cada vez que lo hacía nos reíamos solos. De vez en cuando veíamos pasar a algunos profesores, y a pocas personas por delante de nosotros. Pocos coches cruzaban la calle, alguno que venía de trabajar o de comprar pasaba ocasionalmente. Eso sí, furgones y coches de policía bajaban la avenida en dirección a la carretera de Barcelona.
Desde esta mañana, algo muy raro, Carlos y yo no habíamos hablado en ningún momento; simplemente habíamos salido de casa, nos habíamos comprado nuestros aperitivos y el diario, y nos habíamos sentado en aquel banco, sumido cada uno en sus pensamientos. Mientras yo como pipas y veo las noticias de TV3, el único canal sintonizado en las 13 teles del escaparate, Carlos toma una Coca-Cola ojeando "el periódico". A nuestro alrededor, la gente se mueve extrañamente rápido, con sus mascaritas de papel que había aconsejado ponerse la Generalitat, al mismo tiempo que como ya he dicho antes, furgones van de aquí para allá, a proteger no se qué. Pero a nosotros nos la suda, somos felices sin hacer nada.
Ya llevábamos una semanita con el aumento de patrullas y las máscaras, en medio de una sociedad presa del pánico por culpa de una posible epidemia la cual habían controlado desde la explosión. Pero aun no habíamos hablado de eso:
- Joder Carlos, te has enterado?- le dije a mi compañero intentando sacar tema.
- De que? De lo del escape de Bellaterra?-dijo Carlos- No me jodas que te enteras ahora…
- No capullo, de lo de que los pacientes han atacado a los médicos y se han salido de la cuarentena.
- Que dices tío?
- Coño! Mira la tele! Porque te crees que hay tanta poli por la calle? Porque crees que la peña lleva mascarillas? – dije cabreado, y con cara de preocupación añadí-Es más, lo jodido es que los infectados son violentos, o eso dicen…
- Ya tío- Dio un trago a la cola- pero es que, tu sabes realmente que ha pasado?
No fue hasta pasados tres días de la explosión que las autoridades pusieron en cuarentena Bellaterra y explicaron lo que había sucedido.
-pues mira, yo sí que lo se- dijo haciéndome el interesante- pero es que es algo muy largo de explicar...
Mirándole con cara de alguien a quien no le venden la moto, solté un simple "bah". Pero esa simple palabra bastó para que su orgullo le hiciera soltarme una parrafada y demostrarme que sí que lo sabía.
- Mira, tu oíste la explosión verdad?
- Joder, para no oírla- dije con borderío.-creo que se tuvo que oír hasta donde quiera que estén nuestros padres...
-Pues como ya sabes, reventó no se qué en un laboratorio subterráneo en Bellaterra, en el cual había varias cepas de un virus, que con la explosión infectó a la gente dañada, cierto?- Lo miré, hice un gesto de afirmación y aproveché para comerme una pipa. Un Mosso d' Esquadra pasó corriendo por delante nuestro, con su fusil colgado a la espalda y el traje de antidisturbios.- Bien, entonces, a los dos días el responsable del laboratorio mandó poner en cuarentena la ciudad, por miedo a la expansión del virus.
- Pero como se contagia esa mierda? No decían que solo se pasaba por contacto de fluidos, como el Sida?
- Si, pero debido a la explosión, la gente herida entró en contacto con el virus. Más tarde sus familiares se vieron con ellos sin saber nada y se besaron, expandiendo el virus.- Hizo una pausa para dar un trago al refresco - de ese modo se expandió por media población y tuvieron que poner en cuarentena la ciudad.
-Pero que es ese virus para que la gente se escape de la cuarentena?- yo, como todos, no entendía nada, ni las acciones tomadas ni el comportamiento de la gente, que sin saber porque atacaban a todo el que se les ponía delante.- No decían que era una gripe, solo que para esta todavía no existía cura?
- sí, pero ayer, cuando anunciaron que se habían escapado, también dijeron que por lo visto la gripe tiene una fase parecida a la rabia animal.- Mientras él se encogía de hombros, a mí se me salieron los ojos de las orbitas. Era algo muy extraño, de lo que apenas habían facilitado información, pero lo suficientemente importante como para poner la ciudad en cuarentena y movilizar a antidisturbios de los Mossos. De repente, Tv3 desapareció de las pantallas, lo último que pude leer en los subtítulos era que "no surtin de casa. Tanquem emisió." - Que raro… Malditos cagados. Pero si solo es una gripe!- grite
- Bueno, al caso. Que han atacado algunos de los policías y les han mordido. No han tenido más remedio que darles la baja y eso significa falta de efectivos. Y algunos de los pacientes han aprovechado para salirse de la cuarentena. Eso es lo que ha pasado y por eso los mossos están en el límite de Sabadell.- Con el silencio que le continuó, entendí que ahí se acababa la explicación.
Nos quedamos un rato sin hablar, mientras Carlos se acababa la lata y yo me echaba el ultimo montón de pipas en la mano, para después tirar el plástico a la basura. Una bocanada de aire hizo errar mi tiro, así que tuve que levantarme a cogerlo. Otro furgón de la policía Nacional, y algo más de gente. Una cosa curiosa en la que me fijé era que todos iban hacia arriba, en la dirección contraria a la policía. Bueno, pensándolo bien tampoco era tan raro. La gente suele huir de cualquier conflicto, y más si por la zona podía aparecer alguna persona con la gripe aquella. Ahora, un coche patrulla. Me pareció ver un montón de armas en los asientos traseros; algo iba mal.
- Oye Carlos, y tu como sabes todo eso? – solté de repente - tú normalmente no te sueles empanar de nada.
- Pues mira , que cuando uno está en casa, sin saber qué hacer, i sin internet, además de que ya he acabado los ejercicios de Dibujo Técnico, pues pone la tele y mira lo primero que sale, y resultaron ser las noticias.
Ya eran la una y media. El tiempo había pasado muy rápido y acababa de sonar el timbre que marcaba la salida de los chavales de ESO. Todavía quedaba una hora más para que los de bachillerato, nuestros compañeros, saliesen. Empezaron a salir chicos y chicas, la mayoría muchos más pequeños que nosotros (lógicamente), otros de nuestra edad, repetidores, como Arturo, uno de mis amigos. La marea salía contenta y a paso rápido, deseosos de llegar a sus casas y poder comer y descansar, para volver durante dos horas más por la tarde. La juventud alegró un poco el miedo que reinaba en la calle. La mayoría de los chavales pasaban de largo, sin hacer caso de nuestra presencia, mientras que otros, al reconocernos como alumnos de bachillerato nos miraban extrañados. Entre la marea de gente distinguí a mi amigo Arturo, un buen chico, muy alto, de pelo corto, y repetidor de segundo año. El iba con unos chicos de tercero y no se dio cuenta de que estábamos fuera del cole hasta estar bastante lejos. Aún así me hizo un saludo con la manu y siguió su camino. El día se torció aun más y empezó a hacer demasiado frio como para estar en la calle voluntariamente. Simplemente, nos miramos entre nosotros y supimos lo que teníamos que hacer; nos volvíamos a mi casa.
Durante el camino, por la cuesta que llevaba a mi casa, encontré escondida entre las chicas de cuarto a Noe. Mi amiga, bajita, de pelo negro corto y ojos marrones, se había ido del instituto porque tenía clase de Dibujo Artístico y no había hecho los deberes. Así que en vez de ir a clase y que le pusieran un cero, había preferido escaparse y justificar su falta más tarde con un volante falsificado. Al vernos, se puso muy contenta y vino a vernos. Noe ha sido desde que la conozco una chica muy agradable y cariñosa, y siempre te lo demostraba. Hacía bastante frio, no sentía las manos. Cuando llegó a nosotros, esquivando a la gente, después de saludarnos con un abrazo nos preguntó cómo era que nosotros también habíamos salido. Le explicamos que llevábamos toda la mañana fuera, que habíamos hecho campana y que ya nos íbamos a casa. Pero ella nos dijo que no nos podíamos ir, que también quería estar un rato fuera y que nos quedásemos con ella.Lo consiguió. Tras millones de "porfas" de Noe, no tuvimos más remedio que quedarnos con ella durante un rato. Mientras los dos hablaban, me di cuenta de que en muy poco tiempo, aquella "alegría" había desaparecido y ya reinaba en la calle el silencio, roto de vez en cuando por algún furgón o algún pajarillo. Estuvimos unos cuantos minutos comentando cosas de nuestra vida diaria, como el estrés del instituto, los amores, la suerte que Carlos y yo teníamos por estar sin padres, etc, y recordando cosas de días anteriores, hasta que algo desconocido rompió súbitamente el silencio de la atmosfera.
Un petardo? Joder! Estábamos en pleno invierno. Otra explosión en Terrassa? Aquello esta en cuarentena, era imposible. Entonces qué coño había sido eso?
Como en las películas, un montón de pájaros pasaron volando por encima de nosotros en dirección contraria a los mossos, mientras aquel sonido que perforaba los tímpanos se iba repitiendo con su eco. Otra vez, otra vez ese sonido. Esta vez no solo fue uno, sino que fueron una serie de ellos, 7 si no había contado mal. Los tres nos miramos, viendo el miedo en el fondo de nuestros ojos. Estábamos asustados, y la atmosfera del lugar no ayudaba; algo pasaba.
La imagen apareció de repente en mi cabeza.
Los mossos.
La cuarentena rota.
Los infectados agresivos.
Los mossos.
Los pájaros.
Aquel sonido.
Aquel disparo…
Como alma que lleva el diablo, le gente empezó a salir de todos lados para dirigirse corriendo a algún lugar (supongo que abandonaban sus puestos de trabajo para dirigirse a sus hogares) y nosotros no íbamos a ser menos. Otra ráfaga de disparos sonó, convirtiendo la calle en un caos; una mezcla de histeria, miedo, gritos y empujones. Automáticamente, como si sirviese de algo, saltamos detrás del banco y nos tapamos la cabeza.
Otra ráfaga, más histeria.
Carlos me miró, y me preguntó qué hacer. Miré a todos lados y vi que en la calle no había peligro, así que podríamos movernos sin problemas.
-Cojamos las cosas y vayamos a casa, deprisa!- Dije lo suficientemente alto como para que los dos me oyeran.
Primero salió Carlos, echando a correr y llegando al cruce en pocos segundos. Era normal, es atleta. Llegó mi turno. Justo antes de que saliera yo, un grupo de gente apareció por la esquina corriendo y gritando, como si de una estampida se tratara, y sin poder evitarlo, después de una finta, choqué con uno de ellos y caí al suelo. Durante unos segundos todo se volvió negro, mi cabeza empezó a dar vueltas y los sonidos fueron amortiguados.
Estando tumbado en el suelo, un pitido me devolvió a la realidad, mientras este se transformaba en ráfagas de algún arma de fuego. Me incorporé recibiendo un mareo y apoyándome lo más rápido posible en un árbol para evitar caerme. Miré a Noe.
Su cuerpo estaba todavía agachado, con la cabeza entre las manos y mirando al suelo. Había caído presa del pánico frente a aquella situación, y era incapaz de mover un solo dedo; simplemente, no podía. Lo más rápido que pude, me desplacé hasta donde estaba. Aunque tuve que levantar mucho la voz para que me oyera en medio de aquel estruendo, con palabras amables le dije que me siguiera, pero ella no podía oírme. Puse la mano en su mentón y le alcé la cabeza para que me viese, para que supiese que no estaba sola, y le indique mediante señas que me siguiera. Pese que al principio le costó levantarse, una vez de pié corrimos hacia Carlos como si la vida nos fuese en ello y, al llegar a él, los tres juntos cruzamos la calle y nos introducimos en mi portal, esquivando los materiales para construir el ascensor. Solamente al cerrar la puerta de mi casa detrás de mi desapareció aquella sensación. Era algo dentro de tu cuerpo que te hacía sentir al borde de la muerte en todo momento, y que realmente paralizaba y dificultaba tu movimiento. El sonido de las armas había ayudado a mejorar el efecto de aquel veneno, destrozándote los tímpanos y haciéndote creer que se producían justo a unos metros de ti, utilizando el pánico y el movimiento de la gente a su favor.
¿Qué estaba pasando? Estábamos cagados, pero.. ¿De qué? ¿Realmente habían sido las autoridades capaces de disparar a gente inocente? Y ¿Por qué lo habrían hecho? Era de locos.
uoooo! q mola muxo en serio! ahora me voy a qedar con la intriga hasta que cuelgues mas!! bueno, ya se que habra una plaga de zombies, pero bueno que esta muy bien escrito de verdad que me lo estaba imaginando super bien, ademas eso de que salga gente conocida en un lugar conocido tambien ayuda ;) pues nada noiet que tengo ganas de seguir leyendo y a ver cuando sale mas gente conocida! ^^
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